La corrupción como estilo de vida.

“Si la corrupción representa un problema complejo, la solución al mismo debe ser compleja”

Max Kaiser

 ParkingEste 2014 será recordado como el año de inflexión para la actual administración federal. El gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto pasó de una supuesta posición favorable, con logros que parecían consolidados y que sorprendieron a más de uno: El Pacto por México o las Reformas Estructurales son algunos ejemplos; a un escenario de crisis y confrontación. Crisis Política y de Legitimidad, de violencia, con señalamientos graves de corrupción que (solo falta ver la inestabilidad del nuestra moneda) solo parecen antesala de una crisis económica.

 Como si los casos Ayotzinapa, Tlataya, la “Casa Blanca” y un largo etcétera  no fueran suficientes, ahora los señalamientos apuntan al Secretario de Hacienda, Luis Videgaray.  Un nuevo escándalo publicado la semana pasada en el diario “The Wall Street Journal” afirma que el Secretario de Hacienda  adquirió una casa al Grupo Higa, empresa que se vio envuelta en la polémica de otra propiedad, la de la primera dama Angélica Rivera. Es de resaltar que el Grupo Higa se benefició de contratos por miles de millones durante el periodo en el cual Enrique Peña era gobernador del Estado de México, y conformaba el consorcio que ganó la licitación del tren bala México-Querétaro, que fue cancelada.

 Videgaray se ha defendido de estos señalamientos declarando que la propiedad en cuestión fue comprada en un periodo durante el cual no se desempeñaba como funcionario público, pero el diario Reforma nos ha recordado que en las fechas que adquirido el inmueble (Octubre 2012), era responsable por una partida de 152 millones de pesos  como Coordinador General del equipo de transición del entonces presidente electo.

 Estos señalamientos presumen un posible conflicto de intereses si tomamos en cuenta el párrafo 12 del Artículo 8 de la Ley Federal de Responsabilidades de los Funcionarios Públicos, pero sobre todo ha consolidado el mal momento que vive el Gobierno mexicano, y por desgracia también el país.

 Entretanto México se sitúa en la posición 103 de 175 países evaluados en el INDICE DE PERCEPCIÓN DE LA CORRUPCIÓN elaborado por Transparencia Internacional con una calificación de 35 sobre 100. Reprobamos con 3.5 siendo nuestro país el último lugar de los países que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE). Esto nos iguala con niveles de países como Bolivia o Moldovia, muy por debajo de países de América Latina como Chile y Brasil. Cabe destacar que aun cuando este índice fue publicado en fechas recientes, sus parámetros de medición concluyeron el 1er semestre de 2014, por lo que no consideran los escándalos de violencia y corrupción que tienen a México en una delicada crisis y en la atención de la opinión pública internacional.

 Pawel-Kuczynski-8Mientras, vemos como fracasan las negociaciones en la Cámara de Diputados para aprobar, en este periodo de sesiones el famoso Sistema Nacional Anticorrupción, que se ha venido planeando desde principios de este 2014. Pero eso sí, no faltan Panistas que bromean y se jacta de buscar a su propio Eliot Ness como Fiscal AntiCorrupción, olvidando que los Al Capones mexicanos no están en las calles como él estuvo en Chicago, sino en  los palacios: los legislativos, los municipales, los estatales y federales.

 Pero seríamos por demás ingenuos si pensáramos que solo con órganos e instituciones de control, ya sean internos, externos, autónomos, ciudadanos, independientes o cualquier otro adjetivo de “moda” entre los que se dedican a los asuntos públicos, el país tendrá mejoras en el combate a la corrupción. Al menos en el corto plazo. La fórmula de que a más instituciones menor corrupción no aplica, si tomamos en cuenta ejemplos como el del Distrito Federal que aun siendo la 1era entidad en cuanto a acceso a la información pública se refiere, es también la más corrupta, según la organización Transparencia Mexicana. Pareciera que hasta ahora las instituciones en busca de transparencia y acceso a la información en lugar de combatir la corrupción solo la han diagnosticado, y eso en el mejor de los casos.

 Además, si en México las instituciones del Estado que deben mantener el orden público o procurar justicia no funcionan, permiten y son coparticipes de la situación de verdadera barbarie que vive el país, que nos puede asegurar que las Fiscalias AntiCorrupcion serán diferentes.

 La corrupción está definida en el diccionario de la Real Academia de la Lengua como: la “Acción y efecto de corromper/ En las organizaciones, especialmente en las públicas, práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores”. Parece que esta definición está basada en México, donde el soborno, la colusión, el tráfico de influencias y el conflicto de interés son las características definitorias de nuestro sistema político, y (aunque nos duela aceptarlo) de nuestra sociedad. La corrupción como estilo de vida.

 Para en verdad resolver este problema vamos a tener que construir una nueva relación gobierno-sociedad; una nueva cultura política.  Pero en un país donde existen complicidades constantes del poder público y una ausencia total de autocrítica de aquellos en el poder, parece algo muy improbable.

 Twitter: @pachecoperal

  • Robustiano Cipotón

    Buen artículo. Pero con el objetivo de generar debate te digo que me preocupa la conclusión. Ver a la corrupción como un tema “cultural” ayuda muy poco al debate (es concurrente con la opinión de Peña Nieto). Nos deja en la terrible situación de: hasta que no haya una “revolución de las conciencias” o una nueva “cultura política” nada va a cambiar. Necesitaremos esperar a que algún Mao nos cambie la forma de pensar o estamos condenados. En cambio yo si creo que no nos queda otra que revisar el sistema institucional. No queda otra que poner lupa y presionar para que se genere un sistema nacional anticorrupción útil, lo más eficiente posible. La pregunta no debe ser si “más instituciones” o menos instituciones, sino de cuales y con que diseño. No es tan difícil hacer un análisis de porque en el DF no funcionan. La corrupción no desaparecerá nunca, pero se puede meter a niveles menos lesivos y costosos para el país. Aunque no sea la panacea, prefiero seguir esa ruta donde cambios en los factores “materiales” con el tiempo van generando cambios en las “ideas” a esperar una revolución cultural y luego cambiar las instituciones. Es un tema epistemológico y de estrategia que da para mucho debate. Saludos! Santiago

    • No pienso que el cambio de cultura política solo se efectue desde el poder, creo que es posible generarlo desde la ciudadania, desde abajo. En un país donde las leyes no se cumplen y las instituciones solo sirven como fachada, me es dificil de creer en que mas leyes e instituciones sean la solución. Muchas gracias por tu aportación, saludos.